La historia detrás de mis ilustraciones
Aquí te va el chisme…
Muchas personas me preguntan si estudié algo relacionado con la ilustración pero se sorprenden al saber que en realidad cursé la licenciatura de Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Mi sueño era especializarme en cinematografía y volverme cineasta.
Contar historias a través de imágenes siempre ha sido una pasión.
Durante la carrera, y en un momento de ocio, abrí mi página en Facebook nombrada “Ay, qué bonix” donde comenzó mi trayecto en la ilustración digital.
Después de graduarme me dediqué completamente a la fotografía y el video. Llegué a trabajar como diseñadora e ilustradora en varias ocasiones pero mi verdadera pasión era la producción audiovisual.
La pandemia lo cambió todo; en el 2020 tuve que suspender todos los proyectos que tenía agendados. Y así, en un cerrar de ojos, caí en una tristeza e incertidumbre profunda.
Terminé resguardándome en la ilustración.
El dibujo se convirtió en un lugar seguro y una actividad donde podía experimentar la sanación e introspección. Es por eso que, hoy en día, mi arte puede llegar a reflejar partes vulnerables y sensibles. Mis sentimientos, pensamientos y emociones tomaron un papel muy importante a la hora de dibujar.
Desde entonces he adoptado la ilustración como un método catártico. Me gusta pensar que mis ilustraciones son como metáforas, que llegan en el preciso instante en el que las necesito.